martes, 22 de julio de 2025

El Ultimo Verano

Ese verano dejo un  ritmo que deja pausas donde el corazón respira —o se encoge.

Ese verano que no sabíamos que seria el ultimo.

Ese verano de 1994 fue el último.
El último en que mi hermana Nícol y yo viviríamos juntas nuestras aventuras en Fortuna.
No lo sabíamos.
Nadie lo sabía.

Y si lo hubiéramos sabido…
quizás nos habríamos abrazado más fuerte.
Quizás habríamos discutido menos.
O quizás no.
Porque la vida no avisa.

Fue un verano intenso.
De risas.
De roces.
De secretos y diferencias.
De lágrimas que se secaban al sol.
De momentos que se graban en el cuerpo, aunque no los anotes en ningún diario.

Como cada año, al acabar las vacaciones, volveríamos a casa.
Pero esa vez, mi padre vino a recogernos muy temprano ni siquiera eran las 8:00h de la mañana.
Tan temprano que ni siquiera pudimos despedirnos bien.

No hubo abrazos finales.
No hubo últimas risas con las amigas del pueblo.
Solo esa sensación rara.
Como de algo inacabado.

Volvimos a la rutina.
El colegio.
La casa.
El deporte.
Los amigos.

Y una casa cada vez más cargada.
Más silenciosa.
Más frágil.

Las discusiones entre mis padres eran constantes.
A veces por todo.
A veces por nada.

Mi padre ya trabajaba de nuevo,
pero eso no arregla lo que el tiempo fractura.

Ese año fue una montaña rusa.

Mi hermano Francisco se fue a la mili.
A Melilla.
A la Legión.
De Voluntario.
Y con él, se fue un trozo de la alegría de la casa de mi hermana Nícol y de todos nosotros.

Ellos se llevaban bien y eran unidos.
Como almas que se entiendian sin palabras.

Y aunque estábamos todos los demás —Ángeles, Ginés, mis padres, Nícol y yo—
la casa se sentía más vacía sin él.

Esperábamos sus cartas con ansiedad.
Las respuestas a las que le enviábamos.
Con dibujos. Con besos. Con promesas.
La Legión tenía su nombre y su entrega,
pero nosotros teníamos su corazón.

Pero algo ya estaba cambiando.
Lo notábamos.
Aunque no supiéramos nombrarlo.

Y aunque no estoy preparada para contarlo todo —no aún—,
sí puedo decir esto:

Ese año viviríamos nuestras últimas navidades todos juntos.
Mi abuela.
Mis padres.
Mis tíos.
Mis primos.
Mis hermanos.

Todo eso iba a cambiar pronto.

Se acercaba el día más doloroso de nuestras vidas.
Un día que partiría la historia en dos:
Antes y después.

✨ Reflexión

A veces el alma ya lo sabe.
Sabe que algo viene.
Aunque la mente aún no lo entienda.

Hay silencios que huelen a despedida.
Y regresos que parecen normales…
hasta que los años te revelan que fueron un final.

Cuando eres niña, crees que los finales llegan con música triste,
con lluvia,
con una advertencia clara.

Pero no.
A veces, el día más doloroso de tu vida
empieza como cualquiera.

Te levantas.
Desayunas.
Hablas con alguien…
sin saber que es la última vez.

En 1994, lo vivimos como pudimos.
Francisco se había ido.
Ángeles andaba con su novio y sus estudios.
Gines aún era pequeño.
Nícol estaba distinta.
Yo también.

☾☾☾☾☾

Ya no éramos niñas.
Pero no sabíamos ser otra cosa, y lo que vendria despues, nos haria crecer a todos de una sola vez.


4 comentarios:

  1. Sin palabras…solo sentimientos y entre ellos el que más duele, tristeza…Dolor y nostalgia al leerte pero también agradecida por haber tenido y tener la suerte de conoceros. Y si, si las cosas se supieran, pero así es la vida…deseando seguir leyéndote 😘

    ResponderEliminar
  2. Soraya cariño un día confío en poder conocer fortuna, es tan maravilloso poder transportarse a un lugar desconocido, pero en mi mente e imaginación ya he compartido hasta el olor a esas tierras. Tan cálido y acogedor.

    ResponderEliminar
  3. Gracias por escribir 😘

    ResponderEliminar